Todo

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Como si la necesidad me hiciera esclava de su cara gentil, rodean las fronteras de la voluntad y vienen a cazarme los caníbales. Ceden las compuertas del alma, la cama se inunda, es fácil cuando te veo acechando, darme a la fuga y arrancar el juego.
Dejo que comas de mi espalda, rasguñes y muerdas el hambre de mis cielos, de mis infiernos, de mis humores, mis antojos.  Mientras el cigarrillo se consume en la penumbra, el crepitar de los muertos prendidos fuego, el ruido de los huesos rotos en brazas ardiendo entre los dedos. Caprichos manipulan tus recorridos, articulan los tiempos y la espera, en el suelo los restos de piel muerta, la semana, los miedos, la histeria. Besos presionan caderas, manos tensas entre piernas, se torna espeso el aliento, la asfixia que ruegan tus ojos en mi transe, y gimen y no se detienen y duelen y no se detienen, y casi están muriendo…no se detienen. Desesperan  violentos  armoniosos, frenéticos, agotados luminosos, se lo dan todo, los cuerpos, los colores, los mundos, se lo dan todo, y sonríen agitados en la claridad de otro abrazo que despacio alenta los minutos, y deja entrar al sueño.





1 comentarios:

Anónimo dijo...

La pierna se movía sola. El zapato bailaba el ritmo contra el piso. Fuegos de artificio sacudían los auriculares y la camisa combinaba con mis medias. Al lado mío, una señora dormía; afuera, la gente de lunes era cómica y colorida. Todo es tuyo, todo es mío, pensaba mientras sonreía como un frasco de caramelos de menta. El colectivo doblaba la esquina pero nada quedaba atrás; cada imagen y suspiro matutino, cada gota de perfume en el oxígeno, cada sombra de semáforo y cada puerta que se abría, me la llevaba conmigo. Había espacio suficiente. El jardín que plantaste en mi pecho parecía no tener fondo: araucarias infinitas, mares de verano y pérgolas colgantes, se poblaban de galaxias, horizontes y latidos. La pierna aún se movía sola y mi sonrisa despegaba en aeropuertos, firmaba autógrafos en Marte y paseaba por tus piernas en la playa. Un cubo dentro de un cubo y un mundo dentro de un mundo, filtrándose de costado, sin pedir permiso y deslumbrando como un vástago de sol. Si es posible ver desde tus ojos, creo que lo hice. La señora a mi lado despertó.

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