De la sonrisa perdida
en la luz de velador, esos ojos prendidos por
el sueño y las drogas. Sensaciones que me deambulan, centinelas aparcados
en zonas prohibidas. Años luz de un momento hace un
instante, un monólogo infinito sin r ni c. Plantar
la idea al futuro, sin presente que
sostenga mi amor, voy así…cabezadura rajada,
a pedazos pero voy.
Ya lo dije todo, y sin embargo restos
en el cenicero me alertan del peligro,
un silencio cual “te amo” al sol un día de primavera
junto al río, se transforma
prematuro, y el orgasmo
de horror hace
eco por todos lados. La plegaría se
hace lágrima, la duda, desgaste. Y es que me voy poniendo
vieja, y me duelen los huesos demasiado ya. Obstinada mi voluntad, el cuerpo deberá aguantar...
Esto que se lleva la vida en cada beso, esto por lo que brillan las mejores sonrisas, por lo que se abren los tulipanes, por lo que las sombras bailan, por lo que las guitarras tienen sus cuerdas. Es esto, esto solo esto, por lo que cada año vuelve la primavera, por lo que rezan las estampillas, por lo que las cartas aun existen, lo que celan los extraterrestres, lo que no entienden los egoístas. Lo que anhela un poeta, lo que destruye prejuicios, lo que calienta el hielo, dos abuelos de la mano en el tren. Esto que levanta muertos, mueve ciudades, cierra cajones. Esto lo que en películas parece onírico, esto por lo que la distancia nos desgarra. Esto que nutre la tierra de artistas, esto que entra sin pedir permiso, esto la lluvia que empaña los vidrios, lo que flota en el aire con mariposas al costado, lo que hace de nosotros mejores personas, lo simple, lo hermoso de las mañanas. Esto, las notas del sueño, el abrazo que todo lo tiene, esto el oleaje del tiempo, esto un viaje en silencio por la ruta, unos mates recién hechos. Esto de dulce de leche, esponjoso en pompas de jabón subiendo al cielo abierto. Lo que queda en la ausencia, lo que añora, lo que deja, lo que espera debajo del árbol, lo que baja del sol y se mete por los poros. Los ángeles, las hadas, esto el último suspiro, las miradas, las lágrimas, explota en infinitos colores, contagia, hace cosquillas, esto tuyo, todo mio. Esto de dos partes, sin caja, sin envolver para armar, esto completo, sin vencimiento, esto para decir te amo, para disfrutar, para extrañar, para cuidar.
Un año prometedor de tristezas repleto, de inviernos crudos vacíos, de sueños lumínicos, de poesía, y montones de fotografías. De películas amorosas, de posibilidades creativas, de horas complicadas, de días perfectos, papel de regalo, cielos abiertos, desayunos con café instantáneo. De los más lindos minutos, de sorpresas y buenas notas, de discos nuevos, de amigos bien presentes, de lluvias, inundaciones, tierra fértil, arcoiris, visiones marinas, arcas prendidas fuego, decisiones, finales, adiós.
Un año plagado de insomnio, fobias y ataques de pánico, de asco, cucarachas, peleas, cansancio. De distancias dolorosas, de desapego, casas ajenas, filosofía caracol, familias plajeadas, desgarros, caos, esguince, anemias, orzuelos, dolores de panza, narices rojas. De ilusiones famélicas, de hambre, frío, déficit, números rojos, lágrimas hasta el desmayo, reflexiones, culpas, mentiras, engaños, silencios, de préstamos infieles, y pactos con el diablo.
Un año incierto, donde el vivir fue ahora y ya, donde el tiempo no me espero para descansar, donde la lucha fue constante y sin tregua. Donde me cagarón a palos, donde las noches fueron exóticas, algunas devastadoras, otras regeneradoras. Aprendí palabras nuevas, un año bien urbano, edificios, medianeras, sobreinformación, pegada a los horarios de trenes y colectivos. Gracias 67, 71, 41, línea Mitre, D subterráneo.
Y todavía queda un poco más para cerrar el balance, pero este año fue ansioso, impulsivo y furioso, fue tomar lo que quise, y echarme a correr, fue arreglar y comprar soles artificiales, fue sentir el dolor de las heridas, obligarme a ordenar, a generarme hábitos nuevos, así disfrutar la adrenalina, padecer cada puto domingo. Fue trabajo de hormiga, fue romper paredes, soltar lo que sobra, aferrarme a lo que realmente importa, y sonreír por sobre todas las cosas…sonreír y saltar.
Un entierro
y siempre ese silencio
que brota desde la tierra
ese sentir que extender una mano
es apoyar la mirada en un muro
es querer descansar
la propia sombra en espinas
Me detuve contemplando la hierva
y el tiempo conmigo se detenía
esperaba un significado
algo que me dijera
qué es ahora que ya no es
Este ánimo letárgico
y yo yaciendo en el silencio
en la tristeza
apenas siento mi corazón
latir como una piedra
y acaso me importaría
si se detuviera
Luego escucho
un discurso lejano
acaso de alguien
a quien están enterrando
o acaso de alguien que me esta enterrando
Invierno homicida, no sobreviví a tu desastre, se confundió mi corazón, se perdió mi alma por el camino. Que problema tener que padecer este duelo después de lo que hice anoche. Ella siempre tan errática e impulsiva, tan cabeza dura. Vos te volviste loco, me dijiste “hacelo en un bar, en cualquier otra parte, pero andate” y yo me emperré más.
Lo dije todo egoísta, el efecto de la locura, y la resaca en mis venas, neuronas atontadas, silogismos sicodélicos en la destrucción y mi caida. La necesidad mostrando su peor cara, con olor a cigarrillo en mis manos. Me hago cargo de mi, escribí el guión, y me olvidé la dignidad en el ascensor. Aposté la última ficha, y se tragó la realidad el sueño roto.
Me quedó el vacio explotando por cada rincón, encontré el llanto cuando la ruta se bifurcó, el beso nocturno y prohibido de dos extraños a la espera del sol. Sombras urbanas sacan boleto al dolor. Ciudad de mierda, que delirio, ojala no hubieras estado a 40 minutos de tren. Si me arrepiento, me torturo y maldigo, el final hubiera sido el mismo, lo sé. Mi agonía sería esta un domingo o un viernes. No hacía la diferencia la lluvia o el tiempo, tu estado enfermo o mi sinapsis alterada.
Toxica la herida, un nuevo punto de partida, un llamado a la solidaridad el deseo por olvidar, la despedida, el adiós. El mounstro que fui, película de terror clase b, patético, tristísimo.
Por suerte, o no se, por eso que dicen que la vida aprieta pero no ahoga, hoy me desperté distinta, a fuerza de voluntad y cachetadas, me bañé y cociné, me obligué a cambiar el playlist de mi celular y escribir. A ver lo bueno que me quedó, y tus fotos, la prueba fehaciente de que te reías de a ratos, de que te enamoraste de mi la madrugada de un sábado mágico.
Me recuerdo en cada momento, donde la gente me empuja para pasar, donde agacho la cabeza y aguanto la bronca, porque hago esto…el motivo que me impulsa a no dejarme vencer. Cuando ella me dice “veni conmigo, te extraño”, me abrazo tontamente, y lloro mirando el espejo, me reafirmo que debo ser fuerte en estos tiempos violentos.
En la soledad absoluta del domingo pienso en lo fácil que sería dejarlo todo, y volver al nido, la felicidad inmensa e inmediata que me produciría verlos, besarlos, charlar de lo cotidiano, contarles todas mis aventuras y desventuras. Seríamos tres de nuevo, seríamos la fortaleza impenetrable que fantaseo en las noches insomnes. Dios! Los extraño tanto, los lloro un poco cada hora silenciosa, cada retorno cansado.
Vendrán los tiempos donde estemos panza para arriba mirando el cielo, estaremos tranquilas, con Victoria grande jugando, riendo de estas necesidades que son tragedias hoy.